Ganador Teseo IX

Y en esta edición ya tenemos nuestro primer repetido, también llamado abusica, porque con solo 9 convocatorias ya ha ganado dos nuestro amigo Invierno. En este caso con su relato; Resurrección.

 

RESURRECCIÓN

El viejo párroco hincó las rodillas en la nieve, exhausto. El aire gélido del círculo polar ártico llenó sus pulmones, secó su garganta y le hizo temblar. Rezó en voz alta y dio las gracias a Dios por haber conseguido llegar a tiempo. Miró al cielo, se santiguó y abrió su macuto con toda la prisa que sus manos entumecidas podían permitirse; el amanecer se encontraba próximo y no debía perder más tiempo.

 

“Solo vuelven del infierno...”

 

Sacó una pequeña silla de playa plegable, un termo de café y una manta muy gruesa. Acercó la nariz a esta última. Olía a hogar, a brisa cálida, a comida casera y a buena compañía. Pensó en sus feligreses y vecinos y los echó de menos. Se cubrió los hombros con la manta y se protegió el cuello.

Sacó una botella de plástico que contenía litro y medio de sangre oscura. Cambió el tapón por otro que presentaba un agujero de medio centímetro en su centro y comenzó a dibujar símbolos y runas rojizas sobre el suelo blanco, a su alrededor. Cuando hubo gastado más de tres cuartas partes del líquido, se llevó la botella a la boca y se bebió el resto.

Extrajo un muñeco de cera de la mochila. Tenía forma humana, un mechón de pelo real pegado a su cabeza y un cuchillo de juguete en su mano derecha. Lo colocó en el centro del círculo de sangre, entre sus pies, de frente al sol que acababa de nacer. Luego salió del círculo y se sentó en su sillita. Abrió el termo de café, dio un par de tragos para quitarse el horrible sabor que quedaba en su garganta y comenzó a recitar el conjuro satánico: nueve frases en latín, de nueve palabras cada una, que debía repetir una y otra vez, sin descanso, hasta que el sol se pusiese... cosa que no sucedería hasta pasadas veinticuatro horas.

 

“Solo vuelven del infierno, padre; las almas del cielo son inaccesibles...”

 

Así debía ser, pensó. El ritual exigía, muy claramente, un día sin noche. No funcionaban las lámparas de rayos UVA ni trampas similares; ya lo había intentado. Era tedioso, pero el esfuerzo encontraría su recompensa cuando tuviese lugar la resurrección.

Y la resurrección llegó.

 

“Solo del infierno...”

 

No había nada tan rojo en el mundo como el fuego del averno, ese que brotó de la sangre y formó un torbellino alrededor del muñeco, mientras este crecía. La cera se transformó en carne, el rostro artificial en una cara conocida.

El párroco sacó el último objeto del macuto: una escopeta recortada.

-¡Esto es por mi hermano, hijo de la grandísima puta! –gritó.

La cara del recién resucitado asesino pasó del asombro al dolor cuando, tras el primer disparo, una de sus rodillas voló en mil pedazos. Le siguió la otra pierna, y luego los brazos, el vientre... La matanza duró un minuto escaso.

El párroco tiró el arma y volvió a santiguarse.

-Hasta el año que viene –susurró.

Comenzó a recoger.

Share
Presets
BG Color
BG Patterns
Accent Color
Apply